sábado, 27 de diciembre de 2014

De cómo la vida sazonada de percepciones burla su camino a la muerte

Se dice que todos padecemos esa enfermedad terminal a la que llaman vida. El camposanto está lleno de vidas, de vidas muertas. Evitamos mirar más allá del ciprés, pero en realidad ese ciprés no es más que el solemne marco de ese espejo que muestra un ineludible futuro, un futuro frío,  solitario, inerte, olvidado. Somos ya vida muerta tapizada por un musgo espeso, luego por líquenes y más tarde nos diluimos en minerales. Lo que era sangre es ahora savia, savia que discurre por la saga de cipreses del camposanto, al tiempo que otros tiernos ojos eluden mirarnos. Es el sino de la vida y paradójicamente vivimos nuestros preciados segundos ajenos a nuestro inminente futuro, envueltos en fútiles circunstancias que invaden nuestra pequeña  mente.

La mente humana es el agujero negro de las percepciones; no sólo las adoptamos y atraemos de otras mentes sino que las tutelamos e incluso las fabricamos de manera masiva a cada segundo de vida. Un efecto sine qua non de la inteligencia humana es ser factorías de percepciones. Éstas se impregnan con la materia pero están inmisciblemente parceladas en un universo paralelo al material. Tanto el amor como los sueños, las depresiones o sencillamente nuestra imaginación, forman parte de ese mundo paralelo que gobierna nuestra voluntad. Pero la reina de las percepciones bien pudiera ser la felicidad. Vivimos íntimamente ligados al concepto felicidad, lo proyectamos como una sombra vital que jamás nos abandona pero que rara vez parecemos alcanzar. La felicidad es un concepto abstracto personalizado,  mutante y neblino que  nunca podrá ser asido en nuestras manos. Decía el escritor americano Thoreau que la felicidad es como una mariposa a la que intentamos dar caza infructuosamente y cuando centramos nuestra atención en otras cosas, plácidamente se posa en nuestro hombro.

Percepciones aparte, la única realidad tangible es que somos materia orgánica sensible al tiempo y que estas caprichosas estructuras de carbono habitan efímeramente un pequeño planeta inmerso en un rincón de una remota galaxia perdida a su vez en un universo de fríos vacíos abisales. El resto, es producto de nuestra mente y quien aún así se plantee el concepto de felicidad, es porque siente la imperiosa necesidad de saciar los tendenciosos caprichos de la mente.

martes, 16 de septiembre de 2014

SUPERANDO LA VELOCIDAD DE LA LUZ

¿Se puede superar la velocidad de la luz? Esta reflexión podría ser de las más cortas respondiendo como lo haría cualquier físico con un rotundo "NO" y así zanjar la cuestión. Sin embargo,  con la prudencia que me da la ignorancia, me tomaré la licencia de responder un "DEPENDE" porque irrefutablemente dependerá de los puntos de referencia que tomemos.
Que la luz viaja a casi 300.000 km/s es un hecho constatado y demostrado por múltiples métodos tanto terrestres como celestes. Dicha velocidad, así como la imposibilidad de rebasarla, es también un elemento central en la teoría de la relatividad de Einstein. Ahora bien, con esto en mente y sin transgredir dichas reglas, diré que es evidente que tomando como referencia frentes de onda electromagnéticos que viajan en direcciones opuestas, la velocidad de la luz puede ser doblada entre dichos frentes.
La luz es un fenómeno electromagnético que viaja de forma radial. Es por ello que la luz emitida por cualquier estrella se puede apreciar desde cualquier punto de su galaxia e incluso mucho más allá. Cuando dos frentes de onda de luz A y B se desplazan en direcciones opuestas a una velocidad de unos 300.000km/s cada uno, es evidente que los puntos A y B se separan a casi 600.000km/s uno del otro. Por lo tanto la velocidad de la luz puede ser doblada cuando tomamos como referentes dos frentes de onda electromagnéticos que se desplazan en direcciones opuestas. Claro que la materia no parece tener propiedades tan raudas y cuando establecemos como referencia puntos materiales que de alguna manera contienen masa, la velocidad de la luz, según nuestras leyes físicas, no puede ser rebasada. Supongo que lo que más me sorprende de esta sencilla reflexión es evidenciar que la velocidad de la luz de alguna manera puede ser doblada, algo que hasta ahora era un tabú en  mi mente.
Conviene recordar aquí que las ondas electromagnéticas no se comportan como las ondas convencionales y que de hecho no necesitan de materia para su propagación. La luz cruza inmensas lagunas intergalácticas donde lo único que existe es un vacío casi absoluto. Un pequeño campo magnético genera una pequeña carga eléctrica que a su vez da lugar a otro campo magnético y así sucesivamente va desplazándose a perpetuidad durante millones de años a lo largo y ancho de este nuestro intrigante Universo. Podríamos concluir por lo tanto que la luz de una estrella es anunciada a nuestro Universo conocido a una velocidad expansiva de casi 600.000Km/s. Claro que ésta no sería ni con mucho la velocidad expansiva de nuestro Universo, ya que la expansión ocurre a lo largo de todo el espacio y por lo tanto es sumatoria. 

Aviso a navegantes intergalácticos: “todo aquél que supere los 600.000Km/s será severamente multado”.

martes, 22 de julio de 2014

LA COMUNICACION, UN TESORO A DERROCHAR.

Nos encontramos sin duda en la cúspide más alta de cuantas sociedades animales existen. Desde tiempos inmemorables, antes incluso del hombre primitivo, la colaboración ha sido un hecho remarcable que ha ido mucho más allá de la supervivencia del ser humano, permitiéndonos conquistar el planeta y ponerlo a nuestra estricta servidumbre. Uno de los factores clave en esta conquista que pasa cotidianamente desapercibida, ha sido el sumatorio de ideas y experiencias que se han acumulado tras cientos de generaciones. Las primeras experiencias a dominar por el hombre pasaron por la conquista del fuego para obtener energía o el uso de la rueda hacia la movilidad y el transporte. La energía del fuego ayudó a soportar los inviernos así como a evitar la ingesta de alimentos en mal estado. La rueda y con ella las poleas y el uso de animales ya domesticados, ayudaron grandemente en la movilidad de personas y objetos. Los desafíos con los que nos topamos aún hoy en día son idénticos en sus bases, sólo que nuestro "fuego" actual se ha sofisticado hasta el punto de extraerlo de grandes reservas de vida  selladas en sarcófagos subterráneos y nuestras ruedas y poleas han dado lugar a una ingeniería que embelesaría de manera particular al mismísimo da Vinci. Quizás el más notorio ingrediente que ha logrado cohesionar y por lo tanto cuajar esta multitud de ideas haya sido el fenómeno de la comunicación. Es muy posible que el grado de inteligencia desarrollado por cualquier especie sea directamente proporcional al despliegue de facultades comunicativas que dicha especie emplea. Dependiendo de la función a realizar, observo al menos cuatro tipos de mensajes posibles en la vida del hombre: el superfluo, el emocional, el evolutivo y el vital. Este último nos avisaría de los peligros y probablemente fue el mensaje más usado por el hombre primitivo hasta caer bastante en desuso en nuestros días. El mensaje evolutivo tiene que ver con cualquier tipo de legado educacional, cultural o técnico y a menudo viene en formato escrito, siendo por lo tanto acumulativo. El  mensaje emocional está presente en nuestro día a día no sólo de manera verbal sino que también se expresa continuamente a través de nuestros ojos. Por último, el mensaje superfluo es con mucho el que más inunda nuestras vidas cotidianas y  curiosamente al que le hemos concedido una mayor plataforma tecnológica reflejada en las redes sociales modernas. Sin duda la especie humana tiene un potencial de inteligencia extraordinario aunque día a día decida no explotarlo en aras del ocio y la diversión.