Analicemos por un momento cómo
gestionan nuestras llamadas sociedades avanzadas la información concerniente a
la opinión del pueblo. De entrada los resultados recientes tan sólo en este año
2016 no dan lugar a muchas dudas ya que los sistemas analíticos empleados en
predecir los deseos populares han dejado mucho que desear para muchos
ciudadanos. Tan sólo hay que centrar la atención en las sorprendentes victorias
tanto del Brexit como de Trump. Sin duda el término "sorprendente" no
es aplicable a todo el mundo pero no es menos cierto que ambos resultados han
sorprendido a un porcentaje de la población demasiado grande para ser hechos
que acontecen en una sociedad con unas tecnologías de la información tan
avanzadas. Esto es un hecho y por lo tanto cabe preguntarse cuáles son las
causas de dicha desviación.
Empecemos por la opinión
publicada, tanto sonora como escrita. Son muy diversas las editoriales de los
medios de comunicación actuales y todas y cada una de ellas sirven a unos
intereses particulares de índole variable. Entre estos intereses se combinan
los de carácter ideológico con los de carácter económico en mayor o menor
grado. Esta es una razón por la cual hay encuestas demoscópicas que viran a un
lado o a otro dependiendo de qué intereses sirvan, con el supuesto fin de
influir sobre una opinión pública. Éste es un factor que sin duda contribuye a
la distorsión de una realidad ya de por sí compleja. Hasta aquí llegan las
potenciales influencias de los medios de comunicación fuertemente establecidos
y con ello su manto de poder que abriga a la sociedad en general. Sin embargo
nuestro concepto personal de opinión pública no viene sólo influenciado por la
opinión publicada sino por el sumatorio de opiniones de nuestros círculos
sociales. Es posible incluso que la influencia de nuestros círculos sociales,
tanto familia y amigos como redes sociales, sea más fuerte que la de la
información publicada. Asumiendo que nuestros principios básicos sobre libertad
o derechos son compartidos por la mayoría de nuestro entorno más cercano, no
sería sorprendente entonces que erremos o acertemos en bloque, dependiendo de
la afinidad a nuestra particular asociación de ideas. Éste pudiera ser otro
elemento de distorsión que aleje nuestras predicciones de la realidad.
Aún con todo lo expuesto anteriormente, el elemento
que probablemente más interfiera con una buena predicción final sobre la
voluntad de las masas pudiera ser intentar analizar la complejidad del
pensamiento humano de manera simplificada al máximo exponente basándose en un
yo íntimo e individual. En matemáticas, el sumatorio de eventos individuales
tiene una relación directa y precisa sobre el comportamiento colectivo de los
sucesos y sus probabilidades. La estadística es la ciencia que gobierna esta
disciplina y pertenece a una ciencia exacta porque los eventos tenidos en
cuenta también son exactos. En este contexto, en una caja se puede introducir
un número conocido de bolas negras y blancas y automáticamente las
probabilidades aleatorias de extracción son descritas de manera precisa. Seguro
que más de un matemático se ha rasgado las vestiduras al oír que alguien da un
carácter científico a los ensayos demoscópicos en nuestro panorama político.
Sencillamente, las variables muestrales son tan numerosas y descontroladas que
no pueden formar parte de fórmulas matemáticas y presuponerse el rigor del que
éstas están dotadas. Oímos con frecuencia a nuestros políticos decir que el
pueblo ha decidido esto o lo otro, cuando en realidad esa es una interpretación
como otra cualquiera de los resultados. Si acaso es el sistema implantado quien
sugiere tales apreciaciones. Y es que aquí no hay bolas blancas o negras. Cada
persona tiene un pensamiento único, particular y cargado de matices y
suposiciones sobre un tema determinado y por lo tanto una supuesta tendencia
colectiva difícilmente puede describir con fiabilidad las incontables opiniones
personales tomadas de manera individual. Sólo en España, si todos los
ciudadanos tuviesen voz y voto, nos encontraríamos con 47 millones de tonalidades
de bolas grises para meter en la caja y algunos todavía se preguntan en qué nos
hemos equivocado con las encuestas...