sábado, 14 de octubre de 2017

Una distorsión óptica de la realidad auspiciada por miles de corazones compulsivos latiendo al unísono.

No ha mucho tiempo que el gigante escandinavo IKEA optó por usar el eslogan "Bienvenido a la república independiente de mi casa". Poco sospechaba entonces que tal declaración de independencia llevada a su mínima expresión pudiera convertirse cuando menos en un eslogan políticamente incorrecto en tiempos venideros. En las últimas semanas nuestras cotidianas vidas se han visto asediadas por multitud de opiniones de las que no se han librado ni los mudos. 
El problema básicamente se resume en que de un total de 36,5 millones de españoles con derecho a voto, 2 millones piden la independencia de Cataluña, es decir, un 5,4% de la población versus un 94,6%. Pero obviamente este no es un problema racionalmente matemático porque además de la razón, ha habido un abono apropiado como para que enraícen ciertos sentimientos. Contamos con el hecho de que la base del problema es fácilmente identificable. Todo el peso gravita en una piedra angular que presiona sobre un único punto, saber quién tiene el derecho a decidir. Nuestra aclamada constitución no alberga dudas al respecto, sin embargo un importante número de catalanes han adquirido unas lentes que polarizan la realidad democrática de un todo y centra su visión exclusivamente en una realidad democrática de una parte que ni siquiera corresponde al pueblo catalán compuesto por más de 5 millones de catalanes con derecho a voto. Esta distorsión óptica de la realidad auspiciada por miles de corazones compulsivos latiendo al unísono ha logrado incluso lograr nublar la mente de otros corazones que si bien no proclaman independencia, sí abogan por un derecho al voto, como si no votáramos ya suficientes veces tanto al todo como a las partes a los partidos más acordes a nuestras ideas. Una excisión de  una de las partes causaría fuertes daños al todo y por lo tanto tal pronunciamiento de manera unilateral sería claramente egoísta. La gente noble puede tener la mente transitoriamente nublada pero me consta que no es egoísta.
Todo es mutable y cambiable en la vida y sobre todo cuando los sentimientos humanos entran en juego. Quizás por eso decidimos cambiar las reglas y aplicar tratamientos compasivos a enfermos terminales o rebajar las penas a reos por buen comportamiento. Sin embargo los estados no se generan por generación espontánea ni surgen al albor de un calentón. La naturaleza ha reservado esa propiedad a las palomitas de maíz y a los gases explosivos pero nuestra gente ni pertenece al reino vegetal ni es volátil. Nuestra gente piensa, ama, sueña y lucha por sus sueños, es por eso que pertenecen al maravilloso reino de las personas, donde cualquier ideal, si es pacífico es legítimo, incluida la denostada independencia. Por ello no podemos culpar a nuestra gente de lo que está pasando ni arremeter contra ellos física o verbalmente. Al fin y al cabo, si sometiésemos a referéndum bajar o incluso eliminar los impuestos probablemente tendríamos una mayoría asegurada.
En estos 40 años de democracia española nos hemos dado entre todos unas reglas de juego que consisten en encauzar nuestros ideales a través de opciones políticas que votamos recurrentemente. Nuestros representantes políticos, en el momento que se comprometen a seguir estas reglas de juego, han de dejar sus ideales personales aparte ya que se deben al pueblo entero y no a sí mismos. Cuando un representante del pueblo apunta y dispara a la línea de flotación de un país rompiendo con su compromiso adquirido, ha dejado de ser esa persona idealista y loable para pasar a ser o bien una palomita de maíz o bien un gas explosivo. Sólo el tiempo lo dirá...

jueves, 13 de abril de 2017

En caída libre por el cosmos


Es sabido que todo fluye, que nada está estático en nuestro universo y que nuestra caída libre en el espacio es como deslizarnos por el tobogán de la física, o lo que es lo mismo, estar sometidos a inexorables leyes que rigen las fuerzas dinámicas del cosmos. Newton y Kepler definieron estas ataduras que resultaron en un equilibrio entre fuerzas gravitatorias y fuerzas centrífugas. Y es que todos los cuerpos están continuamente girando alrededor de otros. Los astros, galaxias, clusters de galaxias, superclusters y demás racimos portentosos, de no dar vueltas entre sí, colisionarían en un solo punto y el concepto espacio/tiempo no tendría sentido. Curiosamente, es la resultante del equilibrio de estas dos fuerzas quien decide las distancias entre los cuerpos celestes de forma que el radio de traslación es inversamente proporcional al cuadrado de la velocidad del cuerpo que se traslada. De esta manera, la distancia a la luna viene dada sólo por dos variantes, la masa de la tierra y la velocidad de nuestro satélite alrededor de ésta. Del mismo modo, es el peso del sol y los 30 Km/s de nuestra velocidad por el sistema solar quien deciden posicionarnos a poco más de 8 minutos luz de distancia de nuestro venerado astro. Sin apenas darnos cuenta vivimos inmersos en la encrucijada espacio/tiempo y ello implica un movimiento constante. Rotamos, orbitamos y nos precipitamos en vertiginosos sumideros que a su vez se ven empequeñecidos por sumideros aún mayores. Medido desde el ecuador, rotamos con la tierra a 26,6 Km/s mientras viajamos alrededor del sol a 30 Km/s. Al mismo tiempo, estamos girando con la Vía Láctea a unos vertiginosos 230 Km/s y ésta se aproxima a nuestra galaxia vecina Andrómeda a 130 Km/s en una danza donde ambas galaxias rotan entrelazadas como lo harían dos amantes en un abrazo perpetuo. Si alguien pensaba que aquí se acaba el viaje, aún no hemos metido ni la primera marcha. Un pequeño grupo de galaxias que hemos llamado el Grupo Local, donde se encuentra nuestra Vía Láctea junto con Andrómeda y las nubes de Magallanes, se está acercando tímidamente al gran cluster de Virgo a unos 300 Km/s y a su vez, toda esta cantidad ingente de millones de galaxias donde la nuestra es una gota de lluvia en medio de la gran tormenta, está desplazándose entre 600 km/s y 1000 km/s hacia un misterioso rincón del universo que los científicos denominan el "Great Attractor". Este oscuro sumidero está en dirección a la constelación Hydra y se me antoja que este éxodo galáctico lo estemos haciendo también en un armonioso movimiento espiral dado que es el único que conocemos en nuestra caída libre por el cosmos. Nuestros ojos y nuestra sabiduría no dan para más pero es muy probable que este descomunal gigante sea un benjamín que obedezca los movimientos de hermanos mayores de una saga altamente prolífica.

Cualquiera que haya seguido estas infatigables danzas de continuos giros cósmicos habrá quedado abrumado de la cantidad de kms que llevamos recorridos por el espacio, pero yo diría que aún estamos calentando motores. La mayoría de las galaxias lejanas que observamos nos entregan una luz en el rango de los infrarojos indicando que se están alejando de nosotros a pasos de gigante porque la longitud de onda de la luz que emiten se va alargando. Esto es lo que da pie a la teoría fuertemente arraigada de la expansión constante de nuestro universo. Claro que en el caso de la expansión, el concepto de movimiento cambia porque aunque no sea por tracción propia, sino más bien por un mérito ajeno desconocido, aún así es palpable que se está poniendo espacio de por medio con nuestras galaxias más lejanas y de esta manera pasamos a ser algo así como viajeros pasivos. Pero lo que sí es evidente es que este viaje no ha hecho más que empezar. Bienvenido al tren cósmico, donde no le prometemos aceleraciones fuertes pero sí un viaje altamente excitante para el viajero que mantenga sus ojos bien abiertos.