sábado, 15 de agosto de 2015

Sobran las palabras

Es difícil comenzar a escribir sentimientos cuando éstos van precedidos de semejante titular. Me limitaré a acariciar maternalmente la ligera capa superficial que recubre al magmático corazón de todo sentimiento.

De poco sirve intentar describir los todopoderosos vínculos afectivos creados entre un hijo y un padre. El sumatorio de todos esos momentos de complicidad, de alegría compartida y de afecto mutuo ridiculizaría al más efusivo de los besos. Ningún abrazo presente podría abarcar todos los guiños, sonrisas y pasiones acumuladas durante casi cincuenta años. Acaso importa ya que su exiguo latido vaya perdiéndose en la neblina de su mente… Nimios serán los pésames, las conmemoraciones y los tributos. Yo sé que mi mejor tributo será su memoria, su legado y su bondad contagiosa. Y también sé que un día tal que hoy, será mi hijo quien orgulloso alce fulgurante la misma antorcha de sentimientos incandescentes.


Sobran las palabras.

domingo, 22 de marzo de 2015

El tiempo, un intruso confuso.

El tiempo es una de esas variables más fáciles de aceptar pero más difíciles de definir. Para definir el parámetro tiempo tenemos que contemplar un concepto tan importante como el movimiento. El espacio y el tiempo es al movimiento lo que un lienzo y la paleta de colores lo es a un cuadro, un todo interrelacionado que se necesitan el uno del otro para obtener una expresión de sentido. Sin duda fue el hombre primitivo el primero en introducir el concepto tiempo en sus vidas. Lejos de paralelos inhóspitos y fríos, la rotación terrestre marcó la misma duración para el día y la noche. Del mismo modo, los ciclos lunares marcaron los meses y la traslación de la tierra alrededor del sol definió los ciclos repetitivos estacionales y con ellos los años.   Nuestros actuales parámetros temporales tienen por tanto una influencia directa de nuestra estrella más cercana aunque más tarde los hayamos desmenuzado en segundos. Sin duda que esta modesta unidad tiene un sentido más biológico-práctico y su origen fue fruto de particiones ajenas a las masas gravitacionales celestes. Un segundo equivale a un intervalo que nuestro cerebro puede procesar cómodamente mediante nuestras conexiones neuronales y se diría que más allá de este umbral biológico, entramos en dificultad de discernir el intervalo y por lo tanto las fracciones de segundo las dejamos en manos de la matemática-física.
La subjetividad del período temporal es tal que sus intervalos se ajustan a nuestros períodos  de longevidad pero son deficientes en medir parámetros cósmicos, tanto que multitud de galaxias aún están ocultas a nuestros ojos y la luz de muchas de ellas nunca nos llegará debido al galopante proceso expansivo de nuestro universo. Pero independientemente de cómo medir el tiempo y de las incontables unidades planetarias que cabrían ser aplicadas, lo cierto es que la teoría del tiempo cobra sentido sólo en un sistema donde se dé un movimiento espacial de eventos y por lo tanto una sucesión de ellos. Se podría decir que en un sistema con una temperatura cercana al cero absoluto, el tiempo es inexistente debido a la inmovilidad atómica. Al mismo tiempo, un sistema con un vacío casi absoluto, se encuentra ante el umbral de la nada y por lo tanto, también carente del parámetro tiempo. Con esto en mente, sabemos que la temperatura media del universo viene a ser del orden de -270°C y que la inmensa mayoría del espacio está sometido a un vacío casi absoluto, por lo tanto me pregunto cuál es el protagonismo de nuestro ubicuo tiempo en el universo.
Por otra parte, un movimiento  espacial ha de tener siempre un referente. Dentro de una galaxia, los referentes físicos pueden ser múltiples, pero es fuera de ella cuando es difícil establecer un referente universal del movimiento. En este sentido cabría destacar el principio de la relatividad de Einstein cuando describe que si una persona entrase supuestamente en el horizonte de eventos de un agujero negro, un observador exterior lo vería como congelado en una fotografía mientras que la persona que lo está cruzando no percibiría tal efecto, cuando en realidad lo que se produciría es un desdoblamiento temporal. Pero la pertinaz visión temporal de la mayoría de los mortales es geo-centrista y bien pudiera compararse con el movimiento atómico que acontece en el interior de un grano de arena. Pretender aplicar nuestros rudimentarios conceptos físicos a una descomunal complejidad dimensional que pueda acontecer al resto de billones de playas galácticas y mundos desconocidos es, sino una simplificación muy directa, directamente una frivolidad.
Lo cierto es que para el hombre el tiempo es como esa carcoma silenciosa, tan solo un humilde saqueador de vidas y más allá de esta insignificante realidad cósmica, toda conjetura especulativa temporal sobre el universo es fruto de nuestra inadvertida narcotización mental con las inherentes limitaciones que acontecen dentro de nuestro granito de arena.