Es difícil comenzar a escribir sentimientos cuando éstos
van precedidos de semejante titular. Me limitaré a acariciar maternalmente la
ligera capa superficial que recubre al magmático corazón de todo sentimiento.
De poco sirve intentar describir los todopoderosos
vínculos afectivos creados entre un hijo y un padre. El sumatorio de todos esos
momentos de complicidad, de alegría compartida y de afecto mutuo ridiculizaría
al más efusivo de los besos. Ningún abrazo presente podría abarcar todos los
guiños, sonrisas y pasiones acumuladas durante casi cincuenta años. Acaso
importa ya que su exiguo latido vaya perdiéndose en la neblina de su mente…
Nimios serán los pésames, las conmemoraciones y los tributos. Yo sé que mi mejor
tributo será su memoria, su legado y su bondad contagiosa. Y también sé que un
día tal que hoy, será mi hijo quien orgulloso alce fulgurante la misma antorcha
de sentimientos incandescentes.
Sobran las palabras.