martes, 22 de julio de 2014

LA COMUNICACION, UN TESORO A DERROCHAR.

Nos encontramos sin duda en la cúspide más alta de cuantas sociedades animales existen. Desde tiempos inmemorables, antes incluso del hombre primitivo, la colaboración ha sido un hecho remarcable que ha ido mucho más allá de la supervivencia del ser humano, permitiéndonos conquistar el planeta y ponerlo a nuestra estricta servidumbre. Uno de los factores clave en esta conquista que pasa cotidianamente desapercibida, ha sido el sumatorio de ideas y experiencias que se han acumulado tras cientos de generaciones. Las primeras experiencias a dominar por el hombre pasaron por la conquista del fuego para obtener energía o el uso de la rueda hacia la movilidad y el transporte. La energía del fuego ayudó a soportar los inviernos así como a evitar la ingesta de alimentos en mal estado. La rueda y con ella las poleas y el uso de animales ya domesticados, ayudaron grandemente en la movilidad de personas y objetos. Los desafíos con los que nos topamos aún hoy en día son idénticos en sus bases, sólo que nuestro "fuego" actual se ha sofisticado hasta el punto de extraerlo de grandes reservas de vida  selladas en sarcófagos subterráneos y nuestras ruedas y poleas han dado lugar a una ingeniería que embelesaría de manera particular al mismísimo da Vinci. Quizás el más notorio ingrediente que ha logrado cohesionar y por lo tanto cuajar esta multitud de ideas haya sido el fenómeno de la comunicación. Es muy posible que el grado de inteligencia desarrollado por cualquier especie sea directamente proporcional al despliegue de facultades comunicativas que dicha especie emplea. Dependiendo de la función a realizar, observo al menos cuatro tipos de mensajes posibles en la vida del hombre: el superfluo, el emocional, el evolutivo y el vital. Este último nos avisaría de los peligros y probablemente fue el mensaje más usado por el hombre primitivo hasta caer bastante en desuso en nuestros días. El mensaje evolutivo tiene que ver con cualquier tipo de legado educacional, cultural o técnico y a menudo viene en formato escrito, siendo por lo tanto acumulativo. El  mensaje emocional está presente en nuestro día a día no sólo de manera verbal sino que también se expresa continuamente a través de nuestros ojos. Por último, el mensaje superfluo es con mucho el que más inunda nuestras vidas cotidianas y  curiosamente al que le hemos concedido una mayor plataforma tecnológica reflejada en las redes sociales modernas. Sin duda la especie humana tiene un potencial de inteligencia extraordinario aunque día a día decida no explotarlo en aras del ocio y la diversión.

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