viernes, 23 de diciembre de 2011

QUIENES SOMOS...DE DONDE VENIMOS...A DONDE VAMOS...

¿QUIÉNES SOMOS?

La realidad es que somos un conjunto de materia altamente organizada cuya composición consiste mayormente en agua imbricada entre moléculas de carbono y otros átomos singulares dispuestos formando cadenas que hemos dado en llamar proteínas.
Más allá de esta observación objetiva y simplista, el resto corresponde al mundo de la percepción. Y es curiosamente el universo paralelo del mundo de las percepciones el que nos mueve a los humanos. Vivimos en una borrachera perpetua de alquimia que tiene lugar en nuestras mentes y por la cual dimensionamos la realidad bajo parámetros mayormente abstractos tales como el amor, la imaginación, las memorias, los sueños, los sentimientos, los estados de ánimo... Con todos estos prismas, no es sorprendente que por una parte tengamos una posición universal egocéntrica del hombre y por otra tengamos la necesidad de formularnos la pregunta ¿Quiénes somos?

¿DE DÓNDE VENIMOS?

La respuesta más directa sería polvo de estrella o si acaso la de un gran Big-Bang tal y como apunta la teoría más aceptada hoy en día. Tanto la teoría de Darwin como evidencias genéticas nos  encadenan, nos guste o no, a una evolución progresiva desde los microorganismos, pasando por el mundo animal y hasta llegar a nosotros.
Como si de alguna forma estas evidencias científicas no nos satisficiesen, el hombre ha creado otras respuestas soportadas por el mundo de la fe y que por lo tanto, tienen una capacidad de soporte ilimitada.

¿A DÓNDE VAMOS?

Lo seguro es que la materia organizada de la que estamos compuestos deja de serlo, se descompone, se mezcla con la materia inerte y sigue su viaje expansivo a través del universo. Muy probablemente, en una escala de tiempo que sobrepasa los límites de nuestra imaginación, podemos conjeturar que acabaremos fusionándonos de nuevo con estrellas.
Quizás sea en esta cuestión donde el hombre haya dado más rienda suelta a su imaginación, posiblemente porque está aún por pasar y por lo tanto nos intrigue y preocupe aún más. En este punto, todos los universos paralelos de los sentimientos y las percepciones se desvanecen y dan lugar a un único concepto humano que llamamos espíritu. Necesitamos creer en un 'yo' perpetuo, un concepto un tanto desangelado  en vida pero vital tras la muerte. Una pieza maestra de ingeniería imaginaria impecable, piedra angular de nuestra existencia. El espíritu no es sólo una llave a la eternidad, sino un requisito absolutamente indispensable ante cualquier deidad.
Por otra parte, los dioses de este mundo y más en particular el Dios de cada uno, ejercen un efecto terapéutico más allá  de ganarse la inmortalidad y es el de sofocar esa alquimia que febrilmente bulle en nuestras mentes.

miércoles, 24 de agosto de 2011

LA IMPRONTA DEL ESPACIO…QUE NO DEL TIEMPO.


Como las teorías son gratuitas y este blog también, no ha mucho tiempo, una banal teoría vino a posarse en mi mente simplona y ahora la plasmaré aquí, a riesgo de que se me tilde de osado o a lo peor de perturbado. Claro que no se le puede ni elevar a categoría de teoría, tan solo pretendo lanzar un singular punto de vista y que con suerte caiga en una mente abonada, así crezca una pequeña reflexión.

Se saben pocas cosas ciertas de nuestro Universo, pero el poder deductivo del hombre junto con su afición a la observación nos ha llevado a establecer conceptos que todos aceptamos y comprendemos. Algunos de estos conceptos son tan sencillos como lo que nos enseñó Képler sobre la translación de los planetas alrededor del sol hasta algo más complicado como la expansión actual del Universo desde el supuesto Big Bang. ¿Pero alguien sabe quién invento el tiempo? Este es un concepto que nos ha venido dado desde que el hombre es hombre y está incrustado en nosotros casi tanto como nuestros genes. Lo que sin duda es evidente es que el tiempo no es algo material, y por lo tanto no lo podemos percibir con ninguno de nuestros sentidos. Se acerca por lo tanto más a un acto de fe, pero a diferencia del concepto de Dios, el tiempo encaja perfectamente en nuestras ecuaciones físicas y por lo tanto explica fehacientemente la realidad que nos acontece. Pero el concepto tiempo va aun mas allá de las ecuaciones, penetra en el corazón del sentido común de las personas y eso le convierte en un concepto imponderable. Sin embargo, se me antoja que este universo y la existencia en general se pueden explicar también usando unidades estrictamente espaciales, sin por ello tener que recurrir a los segundos. Al fin y al cabo, lo único que existe es el presente, ¿verdad?

Tomemos como ejemplo un punto fijo en este pequeño planeta como puede ser la Torre Eiffel. De todos es sabido que dicho punto sigue un movimiento rotacional terrestre que a su vez viaja translacionalmente alrededor del sol, tardando un año exacto en recorrer dicha distancia. Lo que no sabe todo el mundo es que sólo dentro de nuestro sistema solar, la Torre Eiffel llega a viajar sólo en ese año una distancia superior a 937 millones de Km. Claro que esta distancia es insignificante si tenemos en cuenta que todo el sistema solar está a su vez girando con la galaxia y todo indica que las galaxias son expansivas según la famosa teoría de la expansión del Universo. En resumidas cuentas, resulta que la Torre Eiffel esta desplazándose a una velocidad vertiginosa y más bien constante por el Universo. En un ejercicio de imaginación, si pudiéramos ver la estela trazada por la torre, veríamos un enmarañado desplazamiento expansivo lleno de piruetas rotaciones y translacionales. Es por lo tanto un ejercicio mental sencillo el constatar que cualquier objeto deja una impronta espacial imaginaria a lo largo y ancho de este Universo. Y sí, la impronta es imaginaria, en la misma medida que lo es el tiempo! Cuando Aníbal cruzó los Pirineos con sus elefantes, lo hizo en el año 218 a.c. Sin embargo, de igual manera se podría hacer referencia a ese momento indicando unas coordenadas espaciales universales coincidentes con la situación de nuestro planeta en aquel preciso momento, dato este altamente complejo y desconocido por el hombre, pero no por ello tan real y evidente como la vida misma. De esta manera, cualquier acontecimiento datado en el que podamos pensar se le podría referenciar mediante su coordenada cósmica en vez de hacer uso del tiempo. Por ejemplo, yo nací en el punto X24.2210 Y39.4577 Z16.0035 de nuestra galaxia (quedémonos en la galaxia para ser “más” prácticos), es decir en 1967. Claro que este punto es arbitrario porque me lo acabo de inventar, pero 1967 no deja de ser menos arbitrario ya que está referenciado a un número de vueltas planetarias de un recóndito planeta estelar a partir del nacimiento en dicho planeta, de un ser llamado Jesucristo. ¿Se puede pedir más en el mundo de la arbitrariedad?

Lo creamos o no, el tiempo no existe, y sin embargo aún hay compañías por ahí que nos siguen vendiendo relojes a precio de oro… Qué gran estafa!

En Santullan a 28/Agosto/2011 … o para los que me han entendido, Coordenada Galáctica: X24.2211 Y39.4578 Z16.0037

miércoles, 1 de junio de 2011

CAMBIO DE SISTEMA III (continuación)

Para cerrar esta trilogía, es en este punto del soliloquio donde quisiera pasar a exponer la razón de toda esta palabrería para unos o disertación de un panorama político actual para otros. Si de verdad amásemos a nuestro país, fragmentado o sin fragmentar, atrasado o competitivo, moderado o progresista, lo que realmente haría falta es un CAMBIO DE SISTEMA. Un sistema donde se pueda votar a las partes y no a un todo. Es incomprensible pensar que por estar de acuerdo con una postura concreta en el tema de la energía nuclear, he de vincular mi voto a otra postura concreta en el tema del aborto. Sencillamente, ambos temas son inmiscibles y sin embargo, el voto emitido nos obliga a la vinculación de ambas posturas. Igualmente hay políticas laborales que nada tienen que ver con políticas sanitarias o con dejar de fumar en espacios públicos. Sencillamente, un ciudadano no tiene la libertad de elegir sus posturas concretas en temas relevantes. Tiene que elegir entre el todo o la nada, pero nunca las partes. Al ciudadano sólo le queda la opción de ser partidista, de enarbolar colores, de dividir al país en clichés de pensamiento cargados sin duda de historia, pero que hacen un flaco favor al progreso.

Once años después de la celebración del milenio, lejos de elegir un modelo de sociedad moderno, nos enfangamos más profundamente en contraposiciones de derechas e izquierdas que restan fuerzas como mínimo a los ánimos del ciudadano, por no hablar del discurrir del país. Creo sinceramente que sería más inteligente optar por un CAMBIO DE SISTEMA. Un sistema por el cual se pueda votar por bloques y mantener una postura determinada en política energética, otra en educación y otra en sanidad. Un sistema que permita elegir a la carta de un menú bien elaborado y que nos permita escoger lo que pensamos que es bueno de cada partido. Un sistema que permitiría la inclusión de pequeños partidos con grandes ideas. Un sistema que no potencie el poder, sino el saber hacer. Sin duda un sistema así representaría fielmente el perfil de una España plural. Un perfil bien nítido y definido en cada uno de sus bloques de gobierno. Un perfil que en vez de alternar entre el rojo o azul cada cuatro u ocho años, tendría un una impronta multicromática donde lo mejor de cada partido habría sido votado por el ciudadano. Una España gestionada por un Presidente sin corona de laureles ni de espinas, que supiese medir los tiempos e implementar y engranar un programa elegido democráticamente por un pueblo.

Muchos pensarán que esto es un pensamiento bonito pero utópico. En parte he de admitir la gran utopía que representa. Sin embargo, se me ocurre que el fenómeno de las redes sociales podría incluso romper utopías aunando fuerzas y en un futuro por qué no, hasta crear un partido político que promueva este CAMBIO DE SISTEMA y que obtenga poco a poco una concienciación social. Quién sabe, Matin Luther King tuvo un sueño que revolucionó todo un pensamiento sobre los derechos humanos y ni siquiera pudo echar mano de las redes sociales. Supongo que soñar no cuesta dinero…

martes, 31 de mayo de 2011

CAMBIO DE SISTEMA II

Un sector limitado de la población autodenominado “indignados” ha logrado prender la mecha de la acción. Un puñado de miles de movilizados en sí, sin duda no es representativo de toda la población española, pero a juzgar por el número constante de abstenciones y votos en blanco en todas las elecciones, no sería descabellado pensar que como mínimo se hayan ganado la empatía e incluso la simpatía de muchos de estos ciudadanos. Más aún, al enarbolar un lema tan sencillo y directo como “indignados”, entraría dentro del terreno de la lógica pensar que en algún momento han apelado en mayor o menor grado a todos y cada uno de nosotros en un estado de indignación contra la clase política y el sistema económico financiero en general.

Las congregaciones en la plaza del pueblo son algo más que legítimas. Son una exhortación colectiva necesaria para una salud democrática al mismo tiempo que expresan un sentimiento unánime que desgraciadamente no puede ser traducido en un voto en las urnas. Sencillamente el partido de los indignados ni está ni estará jamás representado en el congreso aún a sabiendas de que tendría una mayoría absoluta. Los indignados no desean marcar una tendencia política, tan sólo se conforman con exigir a los políticos que lejos de enredarse en dialécticas estériles hagan sus deberes y se ganen su sueldo. Todos nosotros, en nuestro papel de indignados demandamos a los legisladores que doten a los jueces de herramientas eficaces que permitan que impere un sentido común. Acaso es tanto pedir que los condenados por corrupción devuelvan el dinero robado, o que se reduzcan unos privilegios pagados por todos pero impuestos sólo por los beneficiarios, o pedir que criminales reincidentes no campeen a sus anchas porque saben que el sistema les ampara, o que los bancos asuman su riesgo una vez que conceden un préstamo hipotecario. Sí, sin duda todos hemos estado indignados alguna que otra vez.

Desconozco si los indignados son pródigos en ofrecer soluciones a problemas concretos. Particularmente no les culparía, pues ya tenemos una nutrida flotilla de partidos políticos que parecen estar llenos de ellas. He aquí la piedra angular donde he de reconocer que siempre he tropezado. Entiendo que cada partido político aporta un programa electoral que define en gruesos trazos sus líneas de pensamiento, al mismo tiempo que deja constancia de una declaración de intenciones que supuestamente se llevarían a cabo en caso de que el pueblo les conceda la gobernabilidad. Ahora bien, ¿acaso se lee uno el programa entero del partido al que vota?  Yendo más allá, ¿nos leemos todos los programas políticos de todos los partidos que se presentan? La respuesta es seguramente un “no” para la gran mayoría de los votantes. De nuevo no se le puede culpar a un ciudadano el hecho de no leerse todas las líneas de ejecución que tienen todos los partidos políticos, pues en vez de 24 horas se necesitaría una jornada de 24 meses de reflexión. Al igual que no nos estudiaríamos los proyectos de 4 arquitectos distintos que minuciosamente esbozaran los planos de nuestra casa buscando puntos de flaqueza, tampoco se puede pretender que un ciudadano normal y corriente critique complicadas fórmulas políticas de gobernabilidad. Este argumento nos puede llevar a pensar que finalmente el voto emitido tiene más que ver con un elemento de convicción enrocada que con un estudio minucioso, valorado y cognitivo de todas las líneas propuestas.

Este método tan profundamente instaurado en un país democrático como es el nuestro, deja fuera de juego casi al 50% de los ciudadanos que carecen de una tendencia política en particular. Claro que muchos se tienen que conformar con votar al ¨menos malo¨, pero eso está lejos de ser óptimo, sobre todo cuando  nos jugamos el devenir de un país entero. Es evidente que el sistema nos obliga a elegir entre el todo o la nada y he de decir que un sistema así, como mínimo carece de inteligencia. No es de extrañar por lo tanto la existencia de un número de disidentes de ciertas políticas internas, no sólo ya entre simpatizantes, sino que incluso entre afiliados y dirigentes de un mismo partido. Una vez más, tampoco les culpo. Son más bien los damnificados de un sistema tan pobre e injusto como vigoroso y robusto, un sistema erigido por sufragio universal, aunque más bien cabría decir por “naufragio universal”.


jueves, 26 de mayo de 2011

Cambio de Sistema

Últimamente me he dedicado a observar como un búho nuestro panorama político. Nunca me he involucrado y las veces que he votado he emitido mi voto en blanco, tanto como la luna llena. Últimamente despliego mis pabellones auditivos con más frecuencia que la habitual y los dirijo especialmente a nuestra clase política. Está claro que no soplan vientos favorables en nuestra economía y cuanto más arrecia el viento, más se azuza el espectáculo que dan nuestros gobernantes. Yo francamente nunca he hecho uso de la palabra para lapidar a uno u otro gobierno, tal y como se puede suponer por mis votos en blanco. Tampoco he tenido un especial interés en que gobiernen los unos, los otros o los más minoritarios. Cuando se expresan públicamente, se diría que la gran mayoría luchan por lo mismo, crear empleo, mejorar la sanidad, fortalecer nuestro sistema educativo, ser competitivos, cuidar el medio ambiente, sostenibilidad y tantas otras cosas en las que un ciudadano medio estaría de acuerdo. Parece que el fin lo tenemos más bien resuelto pero donde no nos ponemos de acuerdo es en los medios.  

Poco después de instaurarse la democracia, nuestro país ha sufrido de un continuo cambio en la dirección política como si de un movimiento pendular se tratase.   Lo peor quizás es que el sistema político que tenemos implantado por defecto, está abocado a la confrontación, a no ser constructivo, a no sumar fuerzas y para ser breve, a poner en evidencia nuestro auto-calificativo de Homo sapiens. Es comprensible que cada país haya tenido sus circunstancias históricas y que de ahí se hayan perfilado unas tendencias de pensamiento político que han llegado a madurar hasta ser lo que son en nuestros días. Sea un factor genético o influenciado, lo cierto es que muchos ciudadanos se decantan más hacia una tendencia política en concreto. Hasta aquí, lo puedo llegar a entender, pero lo que no acabo de digerir es por qué el sistema en sí ya utiliza el término "la oposición" como contraposición a quien ha salido elegido democráticamente. Lo lógico para un sapiens sería utilizar un término más sugerente y eficaz como "la alternativa", dado que parto de la premisa que la mayoría estamos de acuerdo de conseguir el mismo fin de una manera efectiva y a poder ser sin despilfarrar un dinero público. 

No es sorprendente pues que bien metidos en el siglo XXI, muchos Homo sapiens hayan encontrado en las redes sociales su salida de la caverna  y que miles de años después de la edad de la piedra se haya dado con un sistema de congregación multitudinaria que permite reivindicar y desahogarse a la vez bajo el mismo aliento. Manifestaciones públicas ha habido muchas en nuestro país y de diferentes credos, pero el hecho que revueltas sociales como las de 15M parezcan arbolar a priori una bandera en blanco, es algo que sin duda me ha llamado la atención. No es que impresione el número de movilizaciones alcanzado, sino más bien la simpatía que han generado en una gran parte de la población. Sin duda la olla a presión de la crisis, el paro y el panorama político han contribuido a este pequeño estallido y es en caliente como se logran las hazañas. Lo que aún no sabemos es si algo se logrará o seguirá todo igual, pero parece que a partir de ahora a una gran parte del pueblo le ha salido una lengua por donde canalizar un único mensaje de hastío y esto quizás no entraba dentro de los planes de ningún político.