Nos encontramos sin duda en la cúspide más alta
de cuantas sociedades animales existen. Desde tiempos inmemorables, antes
incluso del hombre primitivo, la colaboración ha sido un hecho remarcable que
ha ido mucho más allá de la supervivencia del ser humano, permitiéndonos
conquistar el planeta y ponerlo a nuestra estricta servidumbre. Uno de los factores clave en esta
conquista que pasa cotidianamente
desapercibida, ha sido el sumatorio de ideas y experiencias
que se han acumulado tras cientos de generaciones. Las primeras experiencias a
dominar por el hombre pasaron por la conquista
del fuego para obtener energía o el uso de la rueda hacia la movilidad y el
transporte. La energía del fuego ayudó a soportar los inviernos así como a
evitar la ingesta de alimentos en mal estado. La rueda y con ella las poleas y
el uso de animales ya domesticados, ayudaron grandemente en la movilidad de personas y objetos. Los desafíos con los que
nos topamos aún hoy en día son idénticos en sus bases, sólo que nuestro
"fuego" actual se ha sofisticado hasta el punto de extraerlo de
grandes reservas de vida selladas en
sarcófagos subterráneos y nuestras ruedas y poleas han dado lugar a una ingeniería
que embelesaría de manera particular al mismísimo da Vinci. Quizás el más
notorio ingrediente que ha logrado cohesionar y por lo tanto cuajar esta
multitud de ideas haya sido el fenómeno de la comunicación. Es muy posible que
el grado de inteligencia desarrollado por cualquier especie sea directamente
proporcional al despliegue de facultades comunicativas que dicha especie
emplea. Dependiendo de la función a realizar, observo al menos cuatro tipos de mensajes posibles en
la vida del hombre: el superfluo, el emocional, el evolutivo y el vital. Este
último nos avisaría de los peligros y probablemente fue el mensaje más usado
por el hombre primitivo hasta caer bastante
en
desuso en nuestros días. El mensaje evolutivo tiene que ver con cualquier tipo
de legado educacional, cultural o técnico y a menudo viene en formato escrito,
siendo por lo tanto acumulativo. El
mensaje emocional está presente en nuestro día a día no sólo de manera verbal sino que también se expresa continuamente a
través de nuestros ojos. Por último, el mensaje superfluo es con mucho el que
más inunda nuestras vidas cotidianas y
curiosamente al que le hemos concedido una mayor plataforma tecnológica
reflejada en las redes sociales modernas. Sin duda la especie humana tiene un
potencial de inteligencia extraordinario aunque día a día decida no explotarlo
en aras del ocio y la diversión.