domingo, 19 de abril de 2020

De cómo un solo átomo podría cambiar el mundo que conocemos.


   La muerte tiene muchas caras, pero cuando se acumula nos visita en forma de fumarolas urbanas, crematorios que no paran de fundir millones de recuerdos y nostalgias en cenizas. No creo que debamos soplar una sola ceniza de sus memorias ni apartar los ojos de la fría realidad de estos duros días. La pandemia avanza cruelmente a lo largo de toda la curvatura terráquea, nuestros dirigentes la esperan con la guardia baja, los telégrafos del 2020 no funcionan, la inteligencia colectiva de nuestro sistema social fracasa frente a la inteligencia individual, más amparada ésta por el sentido común. Se ha formado un terreno abonado para las tormentas políticas, las tormentas mediáticas y las tormentas de citoquinas. La ciencia se ha colado en el vocabulario del pueblo y a la persona más humilde le asaltan dudas que hasta ahora sólo eran formuladas por los científicos, quienes han comenzado una carrera frenética contra un enemigo invisible. Con aproximadamente una millonésima de milímetro, al SARS-CoV-2 se le podría considerar como un sonajero biológico por su simpleza. Tan solo consta de unas desconocidas espículas que brotan de una cápsula proteica que a su vez alberga una cadena simple de ARN. Este macabro sonajero es el mal reducido a su mínima expresión. Las espículas amenazan con una proteína que hace de ariete al aferrarse a nuestros epitelios del tracto respiratorio para infectarlos y debido a esta propiedad la hemos denominado la proteína Espiga. Los científicos saben que, si introducimos en nuestro cuerpo solamente esta proteína sin el virus, nuestro sistema inmune la neutralizará la próxima vez que venga acompañada del virus y así quedaremos inmunizados. Y es así como las instituciones científicas más prestigiosas de todo el mundo se lanzan a hacer una copia exacta de la proteína Espiga que recorrerá el cenagoso camino de los ensayos clínicos para así salvar miles de vidas.
Y mientras los ojos del mundo están hoy puestos en estas vacunas salvadoras, un humilde pescador indio del estado de Kerala llamado Kumar, salía a pescar una temprana mañana de enero tan sólo unos días antes. Desde su bote divisaba cómo las montañas revestidas de verdes cafetales y plantaciones de té se elevaban por encima de los cocoteros anclados en playas de fina arena blanca. Al acabar la jornada Kumar no se encontraba bien y cuando su cuñado fue a recogerle al día siguiente para ir a pescar como cada mañana, Kumar presentaba una tos seca y una ligera fiebre. Sin saberlo, su cuerpo estaba multiplicando exponencialmente un coronavirus que como un perfecto efecto mariposa acababa de surgir en un distante mercado chino. Cada uno de los miles de virus que Kumar tenía dentro, llevaba incorporado una orden de replicación y al mismo tiempo, se valía del andamiaje citoplasmático de las células del pobre pescador para ir añadiendo de uno en uno los 29.903 nucleótidos necesarios para generar el ARN de un nuevo virus. Por supuesto que este sistema de replicación no era del todo perfecto y de tarde en tarde, o se saltaba un nucleótido o incorporaba uno equivocado. Esto producía mutaciones que en gran medida o no trascendían al comportamiento final de los nuevos virus formados o se traducían en una pérdida de función importante y ese virus recién formado se extinguía de inmediato. Sin embargo, hubo un solo virus en el cuerpo de Kumar que incorporó un nucleótido equivocado y su resultado fue un cambio muy sutil en su proteína Espiga, pero dicha mutación no impidió seguir infectando a la gente del pueblo de pescadores.
A mediados de abril, científicos indios secuenciaron el genoma de un coronavirus de una muestra tomada hace tres meses en Kerala. Un análisis computacional de la estructura de la proteína Espiga de esa muestra concluyó que a la proteína le faltaba tan sólo un enlace de hidrógeno y esto hace que su conformación tridimensional adquiera la suficiente deformación como para ofrecer una estructura distinta a la estructura de Espiga en la que la comunidad científica está trabajando en la actualidad. Este hecho científico pone en evidencia cómo un solitario átomo de hidrógeno de un virus mutado de Kumar pudiera poner en peligro todo el desarrollo internacional de vacunas contra COVID-19. Será difícil que ocurra, pero si esa cepa incontrolada se hubiese extendido silenciosamente desde enero, los esfuerzos de los científicos centrados en una proteína parecida pero ligeramente distinta, podrían ser en gran parte fútiles, frustrando los anhelos y esperanzas de nuestra sociedad.
Es muy posible que el efecto mariposa más sobresaliente que haya conocido la humanidad hasta ahora sea el reciente contagio de una única persona con un virus en el mercado chino de Wuhan. Un leve batir de alas inicial ha levantado su fatídico polvo de mariposa extendiéndose como una onda expansiva a nivel global. Y por si esta serendipia no fuera suficiente, podríamos estar ante un hecho aún más sorprendente al que bien se le podría denominar “efecto átomo”. Parece que un único átomo de hidrógeno de todo nuestro universo, en su mayor simpleza e inocencia cuántica, guardaba con recelo un potencial inmenso que esperemos no lo muestre nunca.

sábado, 21 de marzo de 2020

LOS INMUNES QUE DEN UN PASO AL FRENTE


Hoy la primavera ha entrado vestida de luto. En apenas un mes hemos acumulado más de 1300 muertes sólo en España. La parte más afable y vulnerable de la sociedad está cayendo en acto de servicio cuidando de sus nietos o acurrucados en sus asilos esperando a que el silencioso virus llame a su puerta antes de tiempo. La progresión de muertes diarias es alarmante y lo peor es que todo indica que muchos de ellos no podrán ser atendidos en los hospitales durante las próximas semanas. Mientras nuestros sanitarios sofocan fuegos con lágrimas y en condiciones adversas, nuestros gobernantes actúan torpe e ingenuamente intentando poner medidas paliativas, pero sigo sin acertar a ver medidas previsoras. Sólo hay una forma de luchar con éxito ante un enemigo que tiene una expansión brutal y ello pasa por anticiparse a lo que va a venir. Hoy mejor que mañana es momento de aportar soluciones, de anticiparse a la bestia, de coger el toro por los cuernos para no tener que hacer análisis a toro pasado. Hoy sería ya hora de implementar un plan de choque donde nuestros inmunes jueguen un papel fundamental en la primera línea de fuego. Tendría sentido implementar un aislamiento hermético de los más vulnerables con unas penas muy elevadas a quien ponga en riesgo a este colectivo. El gobierno tendría que estar haciendo ya una base de datos a nivel nacional de personas ya inmunes al COVID-19. Todos aquellos sospechosos de haberlo pasado tendrían que someterse a las infalibles pruebas serológicas e ir engrosando esta base de datos. Las personas ya inmunes serían las únicas encargadas de cuidar a los más vulnerables, siguiendo aún estrictas medidas de desinfección y prevención antes de entrar en contacto con ellos. Sólo un aislamiento riguroso de los más vulnerables con los inmunes al cargo de su cuidado podrá evitar muertes innecesarias hasta que llegue la ansiada vacuna o terapia. Y sí, bajo estas estrictas condiciones, se podría abogar por una inmunización natural y escalada de la población que debería rehacer su vida lo antes posible para así reactivar la economía y que no nos coma el hambre, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad.

domingo, 15 de marzo de 2020

PANDEMÓNIUM, Un novedoso plan de choque contra el coronavirus; si no puedes combatir a tu enemigo, únete a él.


El COVID-19 es un organismo mil billones de veces más pequeño que nuestro planeta y aún así nos ha ganado la batalla en menos de tres meses. Justo en el momento cuando nos creíamos más fuertes, en plena embriaguez tecnológica, en medio de punteros avances científicos que nos situaban en la frontera del 2020, en pleno alarde de poderes fácticos y bélicos, un microorganismo de tan solo unos 100 nm de diámetro ha logrado desarmarnos y vencernos de manera silenciosa y sin propaganda política. Cualquier otro enemigo convencional no hubiese logrado noquear el statu quo mundial en tan poco tiempo y sin intendencia alguna. Un golpe magistral de un nano-enemigo parapetado en una cápside que contiene un genoma inocente en sus intenciones, pero devastador en sus conquistas.
Una vez tildado al enemigo de pandemia, dos han sido las actuaciones principales de los numerosos gobiernos afectados a nivel global. La primera actuación ha sido de tibieza y la podríamos denominar como `contención pasiva´ dado que no se han puesto demasiados medios en un escenario epidémico incipiente y el coronavirus ha campado a sus anchas entre anfitrión y anfitrión. La segunda actuación sería una `contención activa´ en cuyo caso se han puesto y se pondrán medidas coercitivas más severas para intentar frenar el avance de este indeseado huésped. El exponente máximo de esta `contención activa´ lo encontramos en China donde severas medidas represivas parece que han logrado de momento detener el impetuoso afán conquistador de COVID-19. Aún si esto fuera así y en el mejor de los casos, cada vez que exista un diminuto brote futuro del virus, será como volver a empezar de nuevo la `estrategia Wuhan´ con los costes socioeconómicos que ello conlleva. Pero lo que parece evidente es que el mundo occidental no puede intentar erradicar esta pandemia siguiendo una `estrategia Wuhan´ por muchos estados de alerta o de emergencia que se apliquen. Cuanto antes nos concienciemos de que este nuevo virus ha venido para quedarse, como tantos otros, antes nos repondremos social y económicamente. A nadie se le escapa ya el hecho de que el número de infectados es parcialmente dependiente del número de tests realizados y que por lo tanto los datos oficiales de cualquier país son tan solo la punta del iceberg de un problema enmascarado. Una vez aceptado al nuevo huésped entre nosotros, se trataría de integrarlo de manera controlada para que nuestra parte más vulnerable de la sociedad no absorba el principal frente de onda. Esto es en esencia lo que se está pretendiendo hacer con las `contenciones activas´ que operan ahora en los diversos gobiernos incluido el nuestro. De otra manera, pretender que podemos erradicarlo de la faz de la tierra, sería tan iluso como falso por motivos evidentes tal y como nos lo han demostrado otros familiares suyos como sus primos influenza o SARS.
Cabría sin embargo una tercera estrategia defensiva de la que aún no he oído hablar y que propongo aquí y ahora porque en mi modesto intelecto, creo que podría contribuir a proteger a nuestros afables mayores y demás personas de riesgo. La denominaré `Pandemónium´ porque en contraposición a la estrategia actual de `contención activa´, sería una `infección activa´ pero controlada del virus y esto sin duda podría levantar grandes controversias sociales y por lo tanto hacer cimbrear cualquier temblorosa mano política. Para poder respaldar una osada teoría como la de la `infección activa controlada´, hemos de partir de premisas con peso específico, como que la población de mayor riesgo es la que está en edad avanzada y con patologías preexistentes y, por el contrario, la población sana y joven tiene una sintomatología leve o inapreciable. La ansiada vacuna ya existe y la produce nuestro cuerpo de manera natural y exitosa cada vez que nos infectamos y nos recuperamos. Es por ello que todas las personas que han contraído la infección hace unas pocas semanas, ya están vacunadas y sólo experimentarían algún episodio potencialmente leve de recaída en el caso de que el virus mutase en un posterior contagio.
Una persona con inmunidad ante el coronavirus deja de ser portadora, pues nuestro sistema inmune se encarga de eliminar cualquier incipiente abordaje viral a nuestro cuerpo de una manera inmediata y fulminante. Esto significa simple y llanamente que incrementando el porcentaje de personas inmunizadas en la población sería sinónimo de edificar una barrera de contención hacia la propagación de los más vulnerables que son a la postre el eslabón más débil de todo este problema. Una sutil carga viral controlada, que pudiera ser también del virus desactivado/atenuado, en voluntarios sanos que pertenezcan a un rango de edad entre 18 y 50 años, significaría que la lucha se llevaría a cabo entre el pueblo elegido y los restantes tal y como rezan las antiguas versiones del mito del pandemónium. Mantener en cuarentena a estos nobles `elegidos´ sería más práctico y eficaz que pretender implementar una seudo cuarentena ficticia y colectiva a 47 millones de almas. Si hemos llegado hasta aquí es porque la naturaleza ha seleccionado sólo a los más fuertes. Ahora se trata de explotar esos procesos que han resultado ser exitosos después de millones de años de evolución y ponerlos a nuestro servicio.
Si alguien me escucha ahí fuera en la vasta llanura cibernética, humildemente ofrezco mi insignificante cuerpo al temido Pandemónium.