martes, 18 de septiembre de 2018

Un paso de cebra cruza nuestra psique


 Resulta sorprendente observar cómo unas sencillas bandas blancas sobre el asfalto pueden revelar una información tan íntima como la propia psique de la persona. Por ejemplo, con la misma inconsciencia que cruzaría la calle un impetuoso perro  con los pelos al viento, lo haría la inocencia pueril recogida en una criatura de tres años de vida sin cuidado parental. Claro que una vez superado el uso de razón,  son muchos los factores que modelan  la actitud mostrada ante un paso de cebra. Estas actitudes se han puesto de manifiesto en nuestro país tan sólo hace un puñado de años, ya que antes muchos coches optaban por norma no parar en pasos de  cebra y el instinto de supervivencia obligaba al ciudadano a optar por un ejercicio de prudencia. A medida que al conductor se le ha educado en un comportamiento más cívico al estar obligado a ceder el paso peatonal, el grado de respuesta del viandante ha sido a su vez más diversificado. Ciertos jóvenes en especial están sometidos a un mayor riesgo al anteponer sus derechos a sus obligaciones, sencillamente porque han crecido con una norma mucho más respetada que antaño y no son conscientes que están arriesgando sus vidas ante un potencial conductor negligente. Así, a muchos se les olvida que al igual que el vehículo tiene la obligación de cedernos el paso, nosotros también tenemos la obligación de mirar y sólo cruzar cuando es seguro.
Uno de los casos más negligentes podría ser ese adolescente enfundado en una capucha tipo cartujana de la cual cuelgan sendos cables de auriculares que conectan al móvil al que no quita ojo. No decelera la marcha y ensimismado en su pequeña pantalla sigue andando como quien anda por el desierto. El móvil es un clásico y no es que afecte a nuestra visión periférica, sino lo que es aún más preocupante, interfiere con nuestra visión frontal. Todo lo que se puede decir de este perfil es que sin duda alguna es un temerario que de seguir así no llegará a la vejez. Otro caso de negligencia se evidencia ante los ojos desorbitados de ese conductor que súbitamente ve cómo el cochecito de un niño es usado como ariete de algún padre descuidado que pone en serio peligro su propia descendencia. Este perfil encajaría perfectamente bajo asesinato en tercer grado por parte del padre, si no fuese porque el conductor tiene todas las de perder por no haber reaccionado en menos de un segundo a la súbita aparición de un cochecito de bebé detrás de una furgoneta aparcada al lado del paso cebra. Descendiendo la escalera de negligencia nos podemos encontrar con esa persona que mira directamente a los ojos del conductor en modo desafiante como si de un miura se tratara, al mismo tiempo que cruza la calle con determinación. Al margen de si el coche viene a la velocidad adecuada o no, este peatón antepone su derecho de cruzar a su derecho de vivir en un gesto de torero desafiante y carente de sentido común. El siguiente perfil tendría que ver con ese ánade y su rosario de patitos, de forma que el distraído padre se asegura cruzar de manera más o menos consciente pero deja detrás a su progenie entretenida a menudo con un juguete.
Por otro lado, en la parte opuesta de la acera podemos observar toda una combinación de caracteres que cruzan la calzada con la debida atención y prudencia y tendremos desde ciudadanos que no necesariamente interactúan con el conductor hasta los que agradecen gentilmente con la mirada, la sonrisa, o la palma de la mano, el simple hecho de cumplir con la obligación de ceder a su paso. Es éste último carácter el tesoro más preciado de una sociedad educada que se precie como tal y si tuviésemos que elegir a una persona con la que convivir en una isla desierta, es muy posible que un sencillo paso de cebra nos pudiera ayudar considerablemente en tan compleja decisión.

miércoles, 2 de mayo de 2018

… y la nada se instauró en los agujeros negros.

  

  Es de sobra sabido que los agujeros negros son portentosos e insaciables engullidores de materia. Se dice que tienen un corazón tan pesado que compactan la materia hasta límites donde nuestras leyes físicas muestran sus flaquezas. El binomio espacio-tiempo tal y como lo conocemos deja de reinar en ese enigmático punto y el  homo sapiens opta por correr un oscuro velo en espera de la próxima marea que le traiga a la orilla de su intelecto nuevas evidencias y teorías plausibles que ordenen sus neuronas hacia el entendimiento. 
Ahora imaginemos por un momento un escenario totalmente opuesto a la teoría prevaleciente, la cuál como sabemos, apunta a la fuerza de la gravedad como el motor principal de estas bestias negras. Imaginemos que los agujeros negros, en contra de toda suposición, estuviesen vacíos de materia. Un espacio oscuro y perpetuo con un vacío casi absoluto y con una densidad tan leve como la densidad de un alma. Este hipotético escenario supuestamente crearía unos gradientes de presión descomunales capaces de ejercer un poderoso efecto tractor sobre el polvo estelar y que aún sería compatible con nuestras observaciones presentes. Se crearían ciclones galácticos supermasivos constantes que formarían autopistas espirales por donde los sistemas solares circularían ayudados por un efecto coadyuvante gravitacional. A medida que los radios de esta espiral galáctica fuesen disminuyendo, la velocidad de la materia incrementaría y las estrellas se irían desvistiendo de sus capas externas como colas de cometa. Más allá del horizonte de sucesos o punto de no retorno del agujero negro, la materia alcanzaría velocidades ciclónicas cercanas a la velocidad de la luz y potencialmente se desintegraría entregándonos su energía a razón de E=mc2 justo en el ojo del huracán, el único remanso posible de fuerzas suficiente para que la energía se escape propulsada perpendicularmente en forma de radiación gamma. De esta manera, el agujero negro nunca llegaría a ingerir materia permaneciendo perpetuamente insaciable.
He de reconocer que esta novedosa teoría está lanzada en este blog con la impunidad que se sabe el grano de arena en el desierto y que el padre de la criatura sufre de incontinencia de ideas y de severas limitaciones de conocimiento. Intentaré no obstante apuntar a ciertos elementos que a priori podrían ser discordantes con esta descabellada teoría pero con explicaciones que por el contrario bien pudieran a su vez salvarla. Se dice por ejemplo que nada escapa de los agujeros negros, que ni siquiera la luz se libra de ser engullida por estos cíclopes galácticos y de ahí su color azabache. Por otra parte, es cierto que la luz viaja incluso en el vacío, aunque si apuntásemos con una linterna al interior de un pozo donde supuestamente hubiese un vacío perfecto, probablemente no veríamos nada de luz sencillamente porque no hay materia donde reflejarse. Claro que también cabría preguntarse si aún quedaría algún haz de luz capaz de penetrar dentro del agujero negro después de colisionar sus fotones con las partículas que estarían revolviéndose a su alrededor a velocidades cercanas a las de la luz. Por otra parte, también es cierto que el vacío absoluto, según nuestras leyes vigentes no se puede conseguir, al igual que no se puede descender por debajo de los 0ºK (-273,15ºC). Se estima que en el espacio intergaláctico la densidad de partículas pudiera ser tan baja como una por metro cúbico, a diferencia de una partícula por cc que pudiera estar presente en espacios interestelares. Si imaginásemos un solitario átomo de hidrógeno suspendido en un kilómetro cúbico de espacio, ¿se consideraría vacío absoluto? La respuesta sería probablemente no, pero la fuerza de succión de ese espacio sería aun así masiva. Y por qué no, los pocos o muchos fotones de luz entrantes en estos supuestos vacíos cósmicos o incluso la radiación de fondo de microondas proveniente del big bang podrían hasta contribuir a evitar un vacío absoluto al mismo tiempo que habilitaría el sistema de succión más poderoso jamás conocido.
Puestos a fruncir el ceño ante esta teoría, ¿por qué no pensar que incluso la expansión del universo pudiera estar sometida a fuerzas de vacío expansivas y que las galaxias obedeciesen también a estímulos de gradientes de presión cósmicos? Con esto no pretendo dibujar un universo encapsulado en un vacío desangelado, sino más bien un universo que a medida que crece en dimensión, pudiera hacerlo hacia gradientes más negativos de presión. Al fin y al cabo, las fuerzas gravitacionales se debilitan con las grandes distancias y no discriminan entre masas en el vacío, a diferencia de las fuerzas de gradientes de presión que tan sólo responden a presencia o ausencia de materia. Si el universo está en continua expansión como parece, cabría esperar que creciese hacia espacios con un cierto grado de ausencia de materia. ¿Quizás la energía oscura no sea tan oscura después de todo? De una cosa estamos seguros, que nadie espere encontrase con un cascarón de acero blindado en unos supuestos límites de nuestro universo.
Estimado lector, si has logrado perseverar en la lectura de esta entrada de blog hasta este punto, bienvenido al mundo de las amplias miras, un mundo donde no hace mucho tiempo se creyó que la tierra era plana.

viernes, 9 de marzo de 2018

Ellas, ellos y viceversa




No soy un apasionado de las manifestaciones. La única a la que recuerdo haber asistido en mi vida fue en mi época universitaria cuando aún tenía golondrinas por neuronas. Sin embargo tampoco soy contrario a ellas, pues con lo que nos tenemos que posicionar a favor o en contra es con el mensaje a transmitir y no con el mero hecho de manifestarse. Considero que una manifestación es como una bandera y que por lo tanto está compuesta por el asta y por la ancha y ondulante tela. El asta lo sujetan aquellas personas que directamente van a capitalizar el resultado de la manifestación. Estas personas inoculan el mensaje a transmitir incluyendo la letra pequeña grabada en el mismo asta pero que es el núcleo caliente y radioactivo que puede contener desde elementos sinceros y justos hasta manipulaciones interesadas que a la postre se nutrirán del caldo de cultivo proporcionado por la ancha y ondulante tela humana. 
Sin duda soy de los que piensa que hay que valorar a la gente y creer en las personas independientemente del sexo, edad, credo o estatus social. De pensar todos así, se diría que el debate de género en el cual estamos inmersos carecería de sentido. Pero lo triste es que no es fútil, que todavía es necesario porque hay ciertos reductos aún por conquistar. Nuestra sociedad española está saliendo de un enraizado sistema machista patriarcal y ese paso es más dilatado incluso que el de nuestra transición política debido a que el éxito o fracaso de esta misión vendrá siempre determinado por las numerosas excepciones y no por un comportamiento general de la población. Hoy, 9 de marzo de 2018, creo que podemos decir que el bastión del comportamiento generalizado de la sociedad ha sido tomado y eso significa que vamos por el buen camino pero todos sabemos que aún queda mucho terreno farragoso por conquistar a nivel de guerrillas y escaramuzas por lo que a los mortales nos toca y a nivel legislativo por lo que a nuestros inmortales gobernantes respecta. 
He de admitir que soy un amante de la letra pequeña grabada en el asta de las banderas. Nunca me he identificado con movimientos machistas ni feministas, ni siquiera con el léxico adoptado. Los contra-resortes o giros bruscos nunca fueron buenos. Quizás si acaso los ideales feministas de hace años sirvieron como detonante en otros momentos de nuestra historia donde la pólvora de la igualdad entre hombres y mujeres estaba aún muy húmeda. Hoy todos sabemos que no tiene sentido exacerbar ideas en una sociedad volátil más madura y moldeable. En otros tiempos, el concepto de feminismo se atribuía a mujeres movidas por ideas homosexuales o abortistas. El mismo diccionario R.A.E. no hace mucho definía feminismo como “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres" y ahora lo define como “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”, evitando así las palabras favorable y doctrina. Por lo tanto en estos últimos años se ha deslizado desapercibidamente la idea de que feminismo equivale a igualdad. Estoy en desacuerdo con este léxico. Esa denominación, inconscientemente nos lleva a plantear el problema en términos de dos bandos, mujeres y hombres, cuando realmente sólo hay uno, PERSONAS. Además, es un término en sí excluyente, pues los varones tendrán la dificultad de adoptarlo por razones etimológicas obvias, aún en cuanto una gran mayoría pudiera estar a favor de la igualdad entre sexos. Si la palabra igualdad define perfectamente el objetivo, ¿por qué no adoptarla? Dicho lo cual, no deja de ser una palabra, y lo importante aquí no es la palabra sino la acción. 
En este sentido noto la ausencia de denuncias puntuales de brecha salarial en un mismo puesto de trabajo; pensé que nuestra constitución no permitía esto debido a la discriminación de sexos. ¿Hará falta legislar para poder penalizar a los empresarios algo tan obvio? ¿Por qué no se rema en este sentido? ¿Por qué no se obliga a empresas con un determinado número de trabajadores a abrir espacios de guarderías que pudieran estar subvencionadas por el estado para que los padres puedan conciliar mejor? ¿Por qué no cubrir con nuestros impuestos subvenciones hacia las sustituciones por baja parental o al menos dotar a las empresas con claros incentivos fiscales? Hay muchos por qués que surgen de mi ignorancia pero ciertamente creo que es donde habría que hincar el remo para seguir avanzando porque no es momento de dar mensajes globales, desorientadores o populistas, sino de una acción clara y puntual. 
También creo que esta lucha nuestra está muchas veces mal enfocada e introduce elementos de despiste que flaco favor hacen hacia la igualdad entre sexos. Centrar el foco en variar la forma de comunicarnos las personas es a mi entender un error. La palabra "TODOS" es inclusiva y quien quiera defender que es lenguaje machista o que no hace la suficiente referencia a las mujeres, está creando un problema donde no lo hay y más bien tiene que ver en muchas ocasiones con un lenguaje populista de captación de adeptos para una causa política. Las mismas personas que defienden este tipo de lenguaje no son consecuentes con él en privado y a esa actitud se le denomina hipocresía. Hay palabras epicenas que nos gusten o no, hacen referencia a ambos géneros y la estrategia de atacar al lenguaje usado por el pueblo es tan débil que desgraciadamente da argumentos a las personas que no apoyan la igualdad con la vehemencia que deberían. Estoy sin embargo a favor de erradicar ciertos usos del lenguaje por otro léxico más inclusivo como por ejemplo sustituir expresiones como “el hombre” por “la humanidad” o “las personas”. En mi pueblo a esto lo llamaban sentido común, pero claro que no todo el mundo nació en mi pueblo.