Hoy la primavera ha entrado vestida de luto. En
apenas un mes hemos acumulado más de 1300 muertes sólo en España. La parte más afable y vulnerable de
la sociedad está cayendo en acto de
servicio cuidando de sus nietos o acurrucados en sus asilos esperando a que el
silencioso virus llame a su puerta antes de tiempo. La progresión de muertes diarias es alarmante y lo peor es que
todo indica que muchos de ellos no podrán ser atendidos en los hospitales durante las próximas semanas. Mientras nuestros sanitarios
sofocan fuegos con lágrimas y en condiciones
adversas, nuestros gobernantes actúan torpe e ingenuamente
intentando poner medidas paliativas, pero sigo sin acertar a ver medidas
previsoras. Sólo hay una forma de
luchar con éxito ante un enemigo que
tiene una expansión brutal y ello pasa por
anticiparse a lo que va a venir. Hoy mejor que mañana es momento de aportar soluciones, de
anticiparse a la bestia, de coger el toro por los cuernos para no tener que
hacer análisis a toro pasado. Hoy
sería ya hora de implementar un plan de choque
donde nuestros inmunes jueguen un papel fundamental en la primera línea de fuego. Tendría sentido implementar un aislamiento hermético de los más vulnerables con unas penas muy elevadas a quien
ponga en riesgo a este colectivo. El gobierno tendría que estar haciendo ya una base de datos a nivel
nacional de personas ya inmunes al COVID-19. Todos aquellos sospechosos de
haberlo pasado tendrían que someterse a las
infalibles pruebas serológicas e ir engrosando
esta base de datos. Las personas ya inmunes serían las únicas encargadas de cuidar a los más vulnerables, siguiendo aún estrictas medidas de desinfección y prevención antes de entrar en contacto con ellos. Sólo un aislamiento riguroso de los más vulnerables con los inmunes al cargo de su cuidado podrá evitar muertes innecesarias hasta que
llegue la ansiada vacuna o terapia. Y sí, bajo estas estrictas condiciones, se podría abogar por una inmunización natural y escalada de la población que debería rehacer su vida lo antes posible para así reactivar la economía y que no nos coma el hambre, no vaya a ser peor
el remedio que la enfermedad.
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