Cuando genuinamente confesamos
estar siendo testigos de un momento inédito al observar un Objeto Volador No Identificado,
ineludiblemente nuestro subconsciente se está deslizando sutilmente hacia una
predisposición de deseo que a la postre engrosará el colectivo de avistamientos
populares. Puesto en otras palabras, muy probablemente estaremos presenciando
"Otra Visión No Indeseada". Bajo un punto de vista
psicológico, este argumento bien podría nutrir de sentido común los cuantiosos
avistamientos sobre los que se dan cuenta diariamente a lo largo de toda la
piel de nuestro planeta pero sin duda ello tampoco constituye ninguna prueba
científica que rebata la existencia de visitas extraterrestres. Vaya por
delante que la gran mayoría de estos sucesos pueden ser explicados con
meridiana claridad mediante intervenciones terrestres bien humanas o naturales,
pero que siempre existe un número reducido de casos de mayor complejidad de
entendimiento.
Impregnémonos ahora de un poco de
lógica y echemos mano de unos sencillos cálculos físicos que tan sólo pretenden
arrojar algo de luz sobre mentes abiertas a un umbral básico de alumbramiento.
Empecemos por reseñar que la estrella más cercana a nuestro sistema solar es Proxima Centauri y está a poco más de 4
años luz de distancia. Ahora imaginemos que nuestros intrépidos visitantes
pudieran viajar en sus flamantes platillos volantes a velocidades cercanas a
3000 km/s de forma que en un sólo segundo recorrerían la distancia entre España
y Finlandia. Esto significaría que si esta noche observásemos un OVNI con
ocupantes que viniesen de la estrella más cercana al sol y viajando a 3000
km/s, estos ocupantes hubiesen partido de su sistema solar el día que nació
Cervantes, es decir hace más de 400 años terrestres y aún les quedaría un largo
retorno a casa. Añadamos al ejemplo la necesidad de un combustible, víveres y
una longevidad vital extraordinaria... Claro que siempre hay mentes más
imaginativas que pudieran conjeturar que viajando por agujeros negros se
podrían tomar atajos en el sistema espacio/tiempo tal y como advirtió
hipotéticamente Einstein en su consolidada teoría de la relatividad. En este
caso, la boca de metro de entrada pudiera estar situada en cualquier agujero
negro de nuestro vasto universo, sin embargo la boca de salida se me antoja
distante a nuestro planeta. Conocemos la existencia de un agujero negro masivo
en el centro de nuestra galaxia, pero mucho me temo que un agujero negro más
cercano que Proxima Centauri sería inimaginablemente
devastador para nosotros.
Por reducción al absurdo nos
encontramos finalmente ante la última posibilidad por la cual los visitantes
serían vecinos próximos con quienes estaríamos compartiendo el mismo sol de
cada mañana. Probablemente no sea descabellado eliminar los planetas gaseosos
Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, pues su contenido es básicamente hidrógeno y
helio, un menú muy limitado para la formación y sustento de vida y sus
temperaturas son tan frías que excluirían cualquier metabolismo molecular. Por
otro lado, Mercurio tiene fluctuaciones bestiales de Tª entre 465ºC y -184ºC y
Venus posee una Tª media de 449ºC, ideal para fundir materia pero no para
albergar vida. No es en vano que por lo tanto sea Marte el candidato más
popular para el fenómeno marciano, si bien el planeta rojo no alberga muchos
rincones inexplorados ya por el hombre y no se ha detectado rastro de
hipotéticas civilizaciones pertenecientes a una tecnología necesariamente
superior a la nuestra. Por otro lado, si hubiese vida en Marte en un estado
evolutivo superior al nuestro, aparte de lo relevante del hallazgo, ello nos
llevaría a intuir que muchos sistemas estelares con planetas asociados pudieran
ser potencialmente un campo fértil para la consecución de vida inteligente. Sin embargo, a fecha de hoy, ni si quiera
hemos intuido la formación de macromoléculas como pilares de vida más allá de
nuestros confines terrestres con lo que sólo nos queda seguir sembrando
esperanza en nuestras mentes para ineludiblemente seguir recogiendo
incertidumbres.
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