jueves, 13 de abril de 2017

En caída libre por el cosmos


Es sabido que todo fluye, que nada está estático en nuestro universo y que nuestra caída libre en el espacio es como deslizarnos por el tobogán de la física, o lo que es lo mismo, estar sometidos a inexorables leyes que rigen las fuerzas dinámicas del cosmos. Newton y Kepler definieron estas ataduras que resultaron en un equilibrio entre fuerzas gravitatorias y fuerzas centrífugas. Y es que todos los cuerpos están continuamente girando alrededor de otros. Los astros, galaxias, clusters de galaxias, superclusters y demás racimos portentosos, de no dar vueltas entre sí, colisionarían en un solo punto y el concepto espacio/tiempo no tendría sentido. Curiosamente, es la resultante del equilibrio de estas dos fuerzas quien decide las distancias entre los cuerpos celestes de forma que el radio de traslación es inversamente proporcional al cuadrado de la velocidad del cuerpo que se traslada. De esta manera, la distancia a la luna viene dada sólo por dos variantes, la masa de la tierra y la velocidad de nuestro satélite alrededor de ésta. Del mismo modo, es el peso del sol y los 30 Km/s de nuestra velocidad por el sistema solar quien deciden posicionarnos a poco más de 8 minutos luz de distancia de nuestro venerado astro. Sin apenas darnos cuenta vivimos inmersos en la encrucijada espacio/tiempo y ello implica un movimiento constante. Rotamos, orbitamos y nos precipitamos en vertiginosos sumideros que a su vez se ven empequeñecidos por sumideros aún mayores. Medido desde el ecuador, rotamos con la tierra a 26,6 Km/s mientras viajamos alrededor del sol a 30 Km/s. Al mismo tiempo, estamos girando con la Vía Láctea a unos vertiginosos 230 Km/s y ésta se aproxima a nuestra galaxia vecina Andrómeda a 130 Km/s en una danza donde ambas galaxias rotan entrelazadas como lo harían dos amantes en un abrazo perpetuo. Si alguien pensaba que aquí se acaba el viaje, aún no hemos metido ni la primera marcha. Un pequeño grupo de galaxias que hemos llamado el Grupo Local, donde se encuentra nuestra Vía Láctea junto con Andrómeda y las nubes de Magallanes, se está acercando tímidamente al gran cluster de Virgo a unos 300 Km/s y a su vez, toda esta cantidad ingente de millones de galaxias donde la nuestra es una gota de lluvia en medio de la gran tormenta, está desplazándose entre 600 km/s y 1000 km/s hacia un misterioso rincón del universo que los científicos denominan el "Great Attractor". Este oscuro sumidero está en dirección a la constelación Hydra y se me antoja que este éxodo galáctico lo estemos haciendo también en un armonioso movimiento espiral dado que es el único que conocemos en nuestra caída libre por el cosmos. Nuestros ojos y nuestra sabiduría no dan para más pero es muy probable que este descomunal gigante sea un benjamín que obedezca los movimientos de hermanos mayores de una saga altamente prolífica.

Cualquiera que haya seguido estas infatigables danzas de continuos giros cósmicos habrá quedado abrumado de la cantidad de kms que llevamos recorridos por el espacio, pero yo diría que aún estamos calentando motores. La mayoría de las galaxias lejanas que observamos nos entregan una luz en el rango de los infrarojos indicando que se están alejando de nosotros a pasos de gigante porque la longitud de onda de la luz que emiten se va alargando. Esto es lo que da pie a la teoría fuertemente arraigada de la expansión constante de nuestro universo. Claro que en el caso de la expansión, el concepto de movimiento cambia porque aunque no sea por tracción propia, sino más bien por un mérito ajeno desconocido, aún así es palpable que se está poniendo espacio de por medio con nuestras galaxias más lejanas y de esta manera pasamos a ser algo así como viajeros pasivos. Pero lo que sí es evidente es que este viaje no ha hecho más que empezar. Bienvenido al tren cósmico, donde no le prometemos aceleraciones fuertes pero sí un viaje altamente excitante para el viajero que mantenga sus ojos bien abiertos.

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