sábado, 6 de octubre de 2012

Un país, dos partidos, un país partido.

Pongamos que fuésemos gente sencilla, gente humilde, pongamos que nos ganásemos la vida haciendo lo que sabemos hacer, que fuésemos apolíticos, que fuésemos estrictamente neófitos en cuanto a cómo gestionar un país, pongamos que tan sólo nos dejásemos guiar en nuestro día a día por un sentido común y por una lógica aprendida más que heredada. Pongamos que fuésemos invidentes, olvidadizos, asmáticos, religiosos,  agnósticos, parados, pongamos que fuésemos ingenieros, funcionarios, camareros, científicos, poetas o hasta un poco truhanes. En definitiva, pongamos que somos EL PUEBLO. Dentro del concepto de sociedad, tanto la sabiduría como la ignorancia están presentes de una manera diseminada y en cierto grado balanceada. Es el resultado de fuerzas de esta amplia amalgama de actitudes sabias o necias  el que suele definir el grado de madurez intelectual de un pueblo. Y cómo no, este resultado puede conllevar a un premio, pero no se trata de un trofeo ni de aparecer en la primera página de la revista Time, se trata de proveer de un futuro mejor a los nuestros, a nuestras familias, a nuestros amigos a nuestros conocidos y en definitiva a nuestro PUEBLO. 
Ignorantes, permitidme que os represente brevemente aquí y ahora. Soy uno de los vuestros y espero no defraudaros en mi exposición de la realidad. Sin duda es la realidad de los ojos profanos, pero parece que no hace falta un nivel de clarividencia  muy alto para ver que quien ha estado gestionando este pueblo  nuestro durante  muchos años se ha endeudado de una manera desmesurada pero no con su dinero, sino con el nuestro. Por si fuera poco, muchos se han lucrado y algunos hasta nos han robado corruptamente después de haberles dado nuestro voto de confianza. Somos ignorantes pero no ciegos. Sabemos que no todos los políticos son iguales y que al igual que en una sociedad, los habrá también sabios y necios, altruistas y egoístas, simpáticos, apáticos y  empáticos.  Esto lo sabemos. Pero esta vez la resolución de fuerzas de nuestra amalgama política, incluyendo a gobierno y oposición, ha resuelto que quien tuvo el poder de decisión de este despilfarro no pague por los platos rotos. Ha decidido sencillamente que sea el PUEBLO quien los pague durante muchos años de sacrificio. Nuestra clase política en general no ha sabido estar a la altura de las circunstancias y tomar medidas excepcionales que como ignorante que soy no nombraré, pero que como todos ya sabemos tienen que ver con investigaciones, dimisiones, prosecuciones y finalmente un cambio de sistema político que no esté orientado a permanecer en el poder a toda costa, sino a solventar problemas reales. Este PUEBLO está inmerso en un problema económico tan grave que ahora no toca pintar al país de color rojo, azul o verde. Toca unir fuerzas, tomar decisiones sin precedentes, entre ellas sin duda prescindir de una estructura política descomunal, senados, duplicidades y demás peso gravitacional que aliente a un estado de amiguismo político y en definitiva pueda servir de caldo de cultivo para la corrupción. Claro que este freno no se va a activar de manera pasiva en una locomotora política lanzada en caída libre con una inercia de casi 40 años. Este freno tan sólo se puede activar mediante la manivela del voto del PUEBLO, manivela ésta fuertemente custodiada por dos guardianes. El primero es rápido de explicar, un complejo entramado electoral por el cual no hay proporcionalidad en el voto y hace que el país pendulee en movimiento armónico simple... sobre todo simple. El segundo se me antoja más perplejo de entender y tiene que ver con el voto incondicionado de muchos sabios hacia un color determinado, hecho éste que claramente nos lleva al inicio de mi reflexión: un país, dos partidos, un país partido. Como no me cabe duda que también habrá sabios entre estos votantes perpetuos, quizás sea por ello que hace tiempo decidí posicionarme como ignorante... así me encuentre el hambre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario